La grandeza de un hombre consiste en reconocer su propia pequeñez
.... Un viaje de mil kilometros se hace dando un paso detras de otro







viernes, 3 de diciembre de 2010

BAJA AUTOESTIMA

BAJA AUTOESTIMA
Todos tenemos en el interior sentimientos no resueltos, aunque no siempre seamos conscientes de ellos. Los sentimientos ocultos de dolor suelen convertirse en enojo; y con el tiempo volvemos el enojo contra nosotros mismos dando un puntapié inicial a la depresión. Estos sentimientos pueden asumir muchas formas: odiarnos a nosotros mismos, ataques de ansiedad, repentinos cambios de humor, culpa, reacciones exageradas, hipersensibilidad, encontrar el lado negativo en situaciones positivas o sentirse impotente y autodestructivo. Estos sentimientos son entonces tóxicos para nuestro organismo. Somos prisioneros de lo que no queremos aceptar.
Comprender la influencia del medio familiar en nosotros y aceptarla sin condenar nos permite liberarnos y disfrutar de la vida. Creer en nosotros mismos es el primer trabajo para realizar. Creer que uno está antes que el logro. Si uno no cree en uno mismo, nadie lo hará.
Indudablemente nos preguntaremos el por qué de nuestra existencia en el mundo, y tal vez no nos centremos en la búsqueda de la respuesta en sí, sino mas bien en la pregunta misma. Si nos preguntamos el por qué, implícitamente damos por descontado que la existencia tiene un sentido, una finalidad, una meta. Desconocida, atemorizante, ilusionadora, esa finalidad se encuentra en un más allá en el tiempo, en un futuro que siempre se nos presenta incierto.
Considerar el tiempo como una variable categorial de la existencia es uno de los postulados de la psicología Humanistica. El tiempo que nos limita y nos enfrenta con la posibilidad del no ser, de la nada, de la muerte. El tiempo que nos señala la importancia del momento presente y la labilidad del futuro, así como la presión que en nosotros ejerce nuestra biografía.
Enfrentar el no ser nos confronta con nuestra propia finitud, derribando las ideas de omnipotencia y eternidad tan propias del ser humano. No pensamos en la muerte propia como una probabilidad, a menos que alguna enfermedad médica así lo diagnostique, Y aún así, el no ser se nos presenta ajeno.

Pero el no ser no es solo la finitud de la existencia biológica en cuanto tal. Es también el conformismo a lo pautado por los otros, el acceder a la renuncia del ser propio y ajustarnos a no ser, para convertirnos definitivamente en seres inauténticos.
Desde la inautenticidad se originan los mayores sufrimientos, las enfermedades psicológicas, la depresión, las neurosis, y ciertos rasgos que pueden no llegar a ser patológicos pero constituyen una fuente de insatisfacciones y de dolor: timidez, baja autoestima, vergüenza, temores, trastornos psicosomáticos.
La Psicología Humanística se basa en la fuerte creencia de la existencia de una naturaleza positiva de los seres humanos que dan una perspectiva terapéutica favorable a sus sufrimientos. La teoría de la personalidad de Rogers lo resume: "el hombre es un organismo digno de confianza.( 1977). Este organismo apunta a desarrollar sus capacidades moviéndose hacia la autonomía. Esta orientación está presente en todos los seres vivos, y aunque la tendencia a la actualización se pueda suprimir no puede nunca destruírse sin la destrucción del organismo.. Cada persona tiene en sí el mandato de satisfacer su potencial, por lo que la tendencia a la autorrealización es inherente a la condición humana.
Pero...qué es lo que lleva a una persona al sentimiento de minusvalía existencial? Qué lleva a lo que llamamos "baja autoestima"?
Las respuestas pueden brindarse desde diferentes marcos referenciales. Consideraremos desde aquí el aporte de los psicólogos humanistas cuya visión nos acerca a la vivencia personal de los existenciarios básicos: temporalidad, espacialidad, corporalidad, causalidad. De modo tal podemos observar que quien experimenta baja autoestima suele ser un ser que no tiene plena confianza en las posibilidades propias, bien sea por experiencias que así se lo han hecho sentir, o por la respuesta especular de sus otros significativos, es decir, de las personas importantes en la vida del sujeto que mediante mensajes de confirmación o desconfirmación refuerzan el sí mismo o lo denigran.
Los mensajes que recibimos desde pequeños se hacen carne. Nuestro sí mismo se va conformando por lo que los demás piensan que soy ( y que me lo transmiten mediante palabras y actitudes), lo que yo creo que los demás piensan que soy ( que implica la elaboración subjetiva de tales mensajes) y lo que en realidad yo mismo creo que soy ( se instaura aquí una perspectiva personal que está en estrecha vinculación con las anteriores).
Ya desde el nombre que se nos impone se forja un concepto social de quienes somos. Nuestro nombre se identifica con quienes somos de modo inseparable, para los otros y para nosotros mismos. El ser humano es un ser altamente simbólico, y nuestras reacciones intersubjetivas están en función del intercambio comunicacional ( no solo del lenguaje verbal sino también del analógico). Cuando afirmamos nuestra identidad lo hacemos ante nosotros y ante los demás, y muchas veces hay un hiato entre la identidad social y la personal que se expresa en un mal-estar, en una mutación del Dasein ( el existir de la persona) que el terapeuta debe comprender y la realidad con la que ha de empatizar para su función psicoterapéutica. El sujeto es un sujeto activo, un sujeto en busca de la autonomía, de la libertad. Hacerse cargo de la realidad también implica hacerse cargo de la propia realidad que se quiere ser. La personalidad se va haciendo, deshaciendo e incluso rehaciendo.
El yo es una relación consigo mismo, pero la mismidad de esta relación sería una ficción si no fuera originariamente una relación con las cosas y con los otros yo. No existe una autopercepción puramente psíquica porque la comprensión de nosotros mismos, de nuestros actos e intenciones acontecen en la medida que el ambiente nos suministra los temas y preocupaciones. "Las manifestaciones de la vida psíquica deben ser examinadas como reveladoras de modos esenciales de existir y proyectar un mundo. Cada enfermedad es específica y cada caso tiene su particularidad en virtud de la condición y libertad de paciente"( Jaspers).
Y del mismo modo que somos-con-nuestro-nombre, que es parte misma de nuestra identidad, somos-con-nuestro-cuerpo. Desde el Existencialismo vemos el cuerpo como lo que aparece, como el fenómeno. Es un cuerpo que aparece ante alguien y ante alguien se manifiesta, lo que le da categoría de existencia en la realidad objetiva. Pero además ese fenómeno que existe en sí, existe para sí y eso nos remite a una relación con la propia corporalidad que no se da de manera totalmente conciente. Hay regiones del ser que permanecen opacas al sí mismo, porque el ser está aislado de su ser.
Cuando hablamos de cuerpo nos referimos a algo concreto, al cuerpo del hombre, hablamos del hombre en el mundo y de la unión específica del hombre con el mundo, lo que Heidegger llamó ser-en-el-mundo. Hablar del hombre es referirnos siempre a la relación con el mundo, a lo que llamamos :"dasein". Dasein nos ofrece una visión única, del hombre concreto en el mundo, pero además de este hombre especial y único ( Juan, María, niño, joven, adulto, anciano, alto, flaco, obeso, argentino o ecuatoriano). Cada subjetividad única y distinta de todas es un ser-en-el-mundo y cada dasein se instaura en una relación con Su mundo. En esa relación podemos instalar el sentimiento de minusvalía existencial.
La baja autoestima se relaciona también con la vivencia del tiempo. Cronos nos recuerda que el fin puede estar cerca y puede tornarse persecutorio. Así el tiempo vivido con la intensidad del presente nos categoriza al existente como ser que habita un tiempo personal: un beso, hacer el amor, festejar un gol, asistir a un culto religioso nos permite salirnos momentaneamente del cronos compartido, pero inevitablemente volvemos a él. Y nuestra percepción del tiempo es tan personal y subjetiva que puede no coincidir con la de los otros. Tiempo compartido, tiempo privado. Según la valorización de uno u de otro nos sentiremos mas o menos adecuados al Mitwel o co- mundo enunciado por los existencialistas. Y al igual que somos cuerpo, también somos tiempo. No estamos en él, sino que somos él.
El espacio vivido es otra categoría a revisar. Nuestro cuerpo nos permite asociarnos con otros desde lo sensorial a lo afectivo más profundo, desde la mirada hasta la fusión mas orgásmica en la que se pierde el sentido de ser. En el espacio el cuerpo se experimenta, no excluye la palabra sino que la integra en la carga afectiva de la vivencia.
Tenemos ahora ciertos elementos para considerar: Un cuerpo que es causa y efecto de nuestras propias experiencias, que se relacionan directamente con dimensiones, intensidades y matices de la corporalidad. Un cuerpo que es vivenciado de manera diferente según las etapas evolutivas por las que atravesamos y que se somete a cambios constantes. Un cuerpo que se recicla en un ser que está "siendo" proporcionando dolor, placer, que habla, que calla, que oculta, y que da cuenta del tiempo vivido. Esa es la esencia primera del ser: está en devenir.
Cómo vivenciamos este complejo y único ser que somos?. Como capaz de llegar a ser, es decir, con un proyecto, con posibilidades, con objetivos a cumplir? Cómo un ser incapaz, imposibilitado, vulnerable?. Esta última pregunta es la que haríamos a quien se siente poca cosa, poco ser, poco existente, poco devenir, poca persona. La propia desvalorización es producto, entre otros, de la comparación con los otros. Percibimos al otro en la plenitud de sus atributos y me comparo con él. Pierdo en esa comparación. Me siento en inferioridad de condiciones. Mi cuerpo es diferente, es feo, no cumple con lo estipulado por la sociedad, soy obeso o extremadamente delgado, o tal vez mi estatura no es la adecuada a los cánones sociales vigentes. Mi cabello es rizado o lacio, mi nariz es prominente o muy pequeña. No llego a comprender que todos somos diferentes, únicos, irrepetibles. Tengo una discapacidad física, o psicológica. No llego a los rendimientos que otros alcanzan. Me considero menos que otros, en inferioridad de condiciones. Mi ser es vulnerable ante un mundo que se me presenta hostil, avasallante, grandioso. Mi existencia no encuentra una finalidad, un sentido, y me siento incapaz de otorgárselo. Mis seres significativos me descalifican y mi existencia se reduce a la de un ser casi sin ser.
En definitiva, nuestras categorías se desarrollan en la trama evolutiva de nuestra vida, ligadas a nuestra experiencia social y personal , y a las tecnologías con las que convivimos. Se nos ofrecen perspectivas variadas y disponemos de la libertad para optar, haciéndonos responsables del lugar desde el cual elegimos. Cuando nuestra libertad se encuentra acotada por la inseguridad en nosotros mismos, es el momento de pedir ayuda. Debemos ser conscientes de que tenemos posibilidades a descubrir, y cuando solos no podemos, hemos de recurrir a quien nos pueda acompañar en el camino de fortalecimiento de la autoestima, a quien nos ayude a ver con otros ojos el ser que somos y el que hemos de ser, que nos acompañe en este ser siendo que es inherente a la naturaleza humana . Llegar a habitarnos en cuanto a corporalidad inserta en el mundo reconociendo las limitaciones pero sin descuidar las posibilidades. Tal es la propuesta de la terapéutica existencial. La angustia nos remite a la fragilidad del sujeto en cuanto a incapacidad de ejercer sobre su propio cuerpo cualquier poder de sujeto parlante. El angustiado pierde distancia respecto del cuerpo del otro y deviene una corporeidad expuesta a su mirada. El angustiado canaliza en el cuerpo el afecto incontrolado, rompe la discursividad y es sentida por el terapeuta como especularmente .
Quien padece baja autoestima suele desarrollar un "falso self" que lo protege ilusoriamente de la confusión y desorientación que le provoca la vergüenza internalizada. Al sentirse incapaz y desvalorizado empieza a encubrir lo que verdaderamente siente como estrategia. Esta máscara con la que se presenta al mundo puede tomar diferentes formas por las que esta persona reclama, demanda, de manera insatisfecha, un reconocimiento del otro. Este círculo vicioso en el que se encuentra el ser fue descripto por R. Laing: "Me parece que tu sabes qué es lo que yo debería saber, pero no puedes decirme qué es porque no sabes que no sé lo que es. Tal vez tu sepas lo que yo no sé, pero no sabes que yo no lo sé, y no puedo decírtelo. Así es que tendrás que decírmelo todo".
Damos por sentado que el otro sabe qué es lo que necesito, y así se generan los malos entendidos en la relación con los otros significativos.: todo ha sido por mi culpa, ya no me quiere más, de seguro ya no me desea. Evitaríamos mucho sufrimiento si en vez de suponer pudiésemos preguntar y hablar. Pero se teme a la respuesta. Y por miedo a no ser queridos nos sometemos a la más terrible de las soledades: la soledad estando acompañados. Entonces encubrimos nuestra angustia y nuestro ser desvalido con la máscara de autosuficiente, de fuerte, de inteligente, de fracasado, de violento, de insaciable.
Cuando logramos conectarnos con nuestra propia fortaleza, (y en general suele lograrse mediante psicoterapia), aplastada bajo un cúmulo de máscaras y mandatos, atravesamos el miedo a enfrentarnos con nuestro propio deseo y empezamos a conducirnos de modo diferente. No peleamos más con nosotros mismos, nos animamos a cuestionar mandatos y creencias, nos arrancamos las máscaras...Empezamos la sanación.
Ps. y Prof. Liliana Villagra

viernes, 19 de noviembre de 2010

Concentración

CONCENTRACIÓN
El hombre necesita de varios elementos para realizar una tarea eficazmente, desde aprender una canción a dominar disciplinas teóricas y físicas. Entre estos elementos el más importante, después de tener la voluntad necesaria, está la concentración, ya que sin ella no se logra una utilización al máximo de nuestras capacidades mentales. Es por esto que es de gran importancia desarrollar el hábito de la concentración para lograr un mejor resultado en nuestras acciones y en el menor tiempo posible.
Para el logro de sus aspiraciones, para el buen éxito en todo lo que persigue, el hombre necesita de algo vital en todo momento y lugar: la concentración de propósito, de pensamiento, de sentimiento y acción.
Mediante la concentración, la mente y el cuerpo aprenden a actuar juntos, sin malgastar energía física o mental. Este es el estado ideal que permite el vaticinio de un seguro éxito.
Debemos practicar una extrema temperancia en todas las cosas cultivando un estado ecuánime y sereno de la mente; los pensamientos deben ser puros, manteniendo el cuerpo en estricta sujeción al alma, y la mente adiestrada para ocuparse en nobles y elevados propósitos.
Con una práctica perseverante aprenderemos a dominar nuestra mente de modo de poder mantenerla fija algún tiempo, en una misma línea de pensamiento. Fijar la mente en un solo punto, sin vagar y sin entregarse a distracciones que causan los objetos externos, la actividad de los sentidos o la mente misma; esto es concentración.
Concentrarse en una idea o cosa, es colocarla ante nuestra atención y contemplarla, en todo y en parte, sacando de ella hasta los menores detalles. Concentrarse es un acto, es sincronizar el pensamiento con la acción evitando todo derroche de energías físicas o mentales.
Debemos practicar la concentración a fin de establecer una disposición o tendencia preponderante, de modo que todas nuestras ideas se polaricen por ella. Así llegamos al convencimiento de que todos los pensamientos que constituyen nuestra base mental, tienen mucha más importancia que aquellos pensamientos esforzados que sostenemos en los momentos en que tratamos asuntos que requieren especial atención.
El curso o flujo del pensamiento sigue una determina disposición o tendencia. Esto nos dice a las claras que el triunfo en la consecución de un objeto estriba en que sepamos establecer una disposición permanente en la correspondiente dirección. Una vez logrado esto, hasta el suceso mas adverso como el más trivial, serán asimilados en favor de la conquista de nuestros fines.
La voluntad dirige el pensamiento y crea la disposición necesaria a un período de tiempo o a una empresa determinada. Entendido esto, usted también puede convertirse en una persona de vigorosa concentración.
En la práctica diaria de los actos más simples reside el principio de su aprendizaje.
Desde hoy comience a reparar en todas las pequeñas cosas sin malgastar sus poderes en ociosos pensamientos, emociones o acciones. No haga ninguna cosa mientras esté pensando en otra, recordando siempre que el pensamiento y la acción deben ir unidos, tan estrechamente que no dejen cabida a interferencia alguna.
Evite toda acción inútil o superflua así como también todo pensamiento ocioso.
En lo corporal, los pequeños malos hábitos como entrechocar las rodillas, apretarse los dedos para hacerlos crujir, etc., deben ser desterrados por usted.
Las grandes actividades perjudiciales también deben proscribirse, algunas de ellas son: el quedarse hasta tarde en la cama por la mañana, el malgastar tiempo en la noche, el comer más de lo necesario, el luchar por conseguir algo que no necesita, etc. Igualmente debe evitar en lo posible toda excitación corporal y toda tensión nerviosa o muscular.
Poco a poco, y con el aumento progresivo del tiempo dedicado a ello, esto malos hábitos difíciles de extirpar de golpe, irán desapareciendo condenados a un saludable olvido.
A continuación encontrará algunos ejercicios que deberá practicar a diario y que
constituirán un valioso aporte a su desarrollo mental y físico. Busque para ellos un lugar apropiado de su casa. Su cuerpo es un disco emocional que registra sus propias creencias e impresiones, ordénele relajamiento y él le obedecerá. En cuanto a su mente, líbrela de la irritabilidad de la vida diaria, será un gran aporte a su mejor concentración.

EJERCICIOS DE CONCENTRACIÓN
1er. Ejercicio
En un lugar apropiado, donde nadie lo moleste, tome un reloj y colóquelo tan lejos de su oído, como le permita seguir oyendo el tic-tac de su máquina.
Cierre los ojos y concéntrese en este ruido todo el tiempo que pueda, 50 segundos, 1 minuto, 2 minutos, tal vez no le sea posible al principio pero gradualmente irá aumentando su poder de concentración. Piense en el reloj y no lo aparte un instante de su mente, piense en su configuración exterior, vaya luego a la constitución de su maquinaria, vea las piezas moverse, sin perderlo un momento. Practique por lo menos una vez al día este ejercicio.

2do. Ejercicio
Antes de iniciar la práctica de este ejercicio, debe elegir cuidadosamente cuál será el objeto de su concentración y por cuánto tiempo se propone sostenerla. Hecho esto dígase: "Voy a fijar la mente sobre tal o cual cosa durante diez minutos y en todo ese tiempo no tendré nada que ver con ninguna otra cosa".
Le daremos un ejemplo de este ejercicio: Supongamos haber decidido concentrarnos en un perro, muy conocido para nosotros, ya que este es un factor primordial. Tratando en lo posible de seguir un orden de cosas, pensando todo lo que queremos y podamos relacionarlo con él; sin perder en ningún momento la imagen de nuestro perro.
A fin de servir mejor a nuestro propósito, a través de este ejemplo, observaremos
rigurosamente las tres leyes del pensamiento.
Objeto y clase: Este perro es un animal, pertenece a los vertebrados, es cuadrúpedo, mamífero, pilífero, etc. Otros miembros de su especie son: la jirafa, la vaca, la oveja, el caballo, el conejo, el burro, el elefante, y así sucesivamente establecemos mentalmente todos los animales que se asemejen a nuestro perro, sin sentirnos satisfechos hasta haber podido extraer todo posible pensamiento en cuanto a semejanza y diferencias con los otros animales que desfilan por nuestra mente.
Pasamos enseguida a otra vía del pensamiento: El todo con la Parte. Teniendo a nuestro perro siempre presente en la imaginación, tomamos una parte de su cuerpo; la cabeza, luego las patas delanteras, etc. Concentremos nuestra atención en sus ojos, pensamos en la forma, el marco formado por los párpados, los distintos colores que lo componen, etc. Tendremos especial cuidado en no inventar lo desconocido, tratando solamente de ahondar con nuestra imaginación lo conocido.
Así por ejemplo; si nunca nos detuvimos a observar cuánto dedos tiene el perro en sus patas delanteras, no pensaremos caprichosamente en una cifra cualquiera.
Continuaremos con sus forma, color, características de sus movimientos, etc.
Cualidad y familiaridad: Esta ley está relacionada a las más notables experiencias que nos son familiares, y tiene más que hacer con la imaginación que con la observación lógica. Así nuestro perro es fiel, es nuestro mejor amigo. Su casa está pintada de colorado y blanco, la conserva en orden y aseada. Cuando el gato del vecino lo ataca en mi presencia rehuye la pelea, él sabe que me disgusta. Llego del trabajo y lo encuentro esperándome en la puerta, juguetea a mi alrededor y a veces me ensucia la ropa. Aún no he conseguido enseñarle a no ladrar a los automóviles que pasan, corre al lado de ellos como si quisiera espantarlos de sus dominios, etc., etc.


3er. Ejercicio
Siéntese tranquilo en su cuarto y observe cuidadosamente. En riguroso orden mire lo que tiene al frente. De izquierda a derecha, observe atentamente los objetos adheridos a la pared, los muebles y los objetos que se encuentran entre ello. Mírelos con atención uno por uno sacando el máximo de detalles en cuanto a: formas, colores, contornos, ubicación, etc. Ahora cierre los ojos y describa con la mayor cantidad de detalles cada una de las cosas vistas.
Pase ahora a la pared de la derecha y haga la misma operación, luego a la otra, y
después a la otra. El techo y el piso serán más fáciles pero no por ello dejará de
prestarles atención.
Ahora salga de su cuarto. Concéntrese nuevamente en el mismo orden en que las vio.
Repase todas las cosas que se encuentran allí dentro.
Practique a menudo este ejercicio por ser de especial utilidad. En la oficina hágalo con las cosas que se encuentran en su escritorio. Cuando se dirige a ella toma las casas o negocios que se encuentran en una cuadra y descríbalas mentalmente después.

4to. Ejercicio
Esta vez ejercitará con cosas abstractas, hechos vividos por usted mismo. Tome por ejemplo el día de ayer y recuerde imaginativamente toda la experiencia vivida desde que se despertó por la mañana. Siga paso a paso todos los incidentes, tratando de vivirlos otra vez con todos sus detalles de la manera más perfecta que le sea posible.
Concéntrese totalmente, y si su mente se desviara en algún momento por efectos de una distracción, comience de nuevo desde el principio.
Permanezca sereno y flemático, no dé muestras de impaciencia o descontento y resista todo derivativo externo del pensamiento.

5to. Ejercicio.
Reconstruya de memoria y en el orden en que son expuestas, las secuencias de un libro que haya leído recientemente. Cuando haya terminado lo referente a un capítulo, léalo nuevamente en su libro y luego comience de nuevo a recordarlo, llenando esta vez las lagunas y rectificando simultáneamente las inexactitudes. Por fin, después de haber dividido el capítulo en secciones, ensaya recordarlo lo más preciso que pueda. Proceda de esta manera con todos los capítulos de su libro. No lo olvidará jamás. Practique estos ejercicios cuantas veces le sea posible, observará que rápidamente irá
adquiriendo el dominio de su cuerpo y de sus actos, ignorando a voluntad los sucesos exteriores.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sonrie

Es muy difícil tratar de encerrar en una palabra la alegría o la tristeza, pero no es así sentirlas a plenitud.
No hay ser humano que pueda vivir un solo día sin experimentar alguna emoción. No podría. Tendría que estar muerto. Porque la sensación de sentirse vivo no se produce con el simple hecho de abrir los ojos y
mover el cuerpo, sino por la emoción que nos produce ver salir el sol, recibir un beso, oler la hierba recién cortada..

martes, 16 de noviembre de 2010

Al igual que la alegría o el miedo, la depresión es una reacción normal e inevitable en determinadas situaciones; Pero la depresión también puede ser en sí una enfermedad y ese sería el caso en el que no hubiera una causa razonable para padecerla o, si la hubiese, la depresión fuera demasiado intensa, de tal forma que impidiera desarrollar una vida normal, o demasiado prolongada en el tiempo.
La tristeza, y con ella la apatía o el desánimo, es el síntoma más visible de la depresión,
Por otro lado, la depresión origina, además de ansiedad en muchas ocasiones, alteraciones en el funcionamiento del organismo





LAS 10 CLAVES PARA SUPERAR LA DEPRESIÓN 


1. Actívate, haz todo ese tipo de cosas que antes te generaban ilusión.

2. Positiva tus pensamientos, busca con todo tu interés el lado positivo que todas las cosas tienen.

3. Desarrolla tu autoestima, acéptate como eres, no necesitas ser "más", cuanto más quieres cambiarte, más te criticas y más disminuyes la autoestima.

4. Desarrolla tu asertividad y mejora las relaciones personales en tu entorno, con mayor capacidad para defender tus derechos e intereses personales.

5. Vive tus emociones y desarrolla tu inteligencia emocional, aprendiendo a reconocer y aceptar tus emociones aunque no sean agradables, como la tristeza, la soledad o el abandono.

6. Afronta las situaciones y actividades desagradables pendientes, que has tratado de evitar y te ocasionan estrés e inquietud.

7. Establece objetivos en tu vida, aunque sean modestos. Haz una lista y empieza a caminar hacia ellos ¡ya!

8. Dedica un tiempo al día a relajarte, con actividades como respirar profundamente o practicar relajación.

9. Deja en silencio tu mente, no le des más vueltas a tus pensamientos, es inútil, no luches contra corriente, déjate fluir.

10. Aprende a solucionar tus problemas, mejorando tu capacidad de discernimiento y toma de decisiones.
 
Detrás de tu cara, debajo de tus palabras, por encima de tus pensamientos, debajo de tu mente, acecha el silencio de otro mundo. Un mundo vive en tu interior. Nadie más puede darte noticia de este mundo interior. Cada cual es un artis­ta. Al abrir la boca sacamos sonidos de la montaña que hay debajo del alma. Esos sonidos son palabras. El mundo está lleno de palabras. Son muchos los que hablan al mismo tiempo, en voz alta o baja, en salones, en las calles, en la te­levisión, en la radio, en el papel, en los libros. El ruido de las palabras conserva para nosotros lo que llamamos «mun­do».

Aprendi...

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.